La soberbia calidad de los productos gallegos, tanto del mar como de la huerta, han hecho de Santiago de Compostela un destino culinario único. Desde mesones o pulperías, hasta refinados restaurantes o marisquerías, pasando por churrasquerías que denotan la herencia de muchos lugareños que emigraron a Argentina, es casi imposible comer mal en Galicia.
Para admirar de primera mano las materias primas con las que se elaboran algunas de las creaciones compostelanas más populares, como el pulpo a feira o la empanada, nada mejor que una temprana visita al Mercado de Abastos, segunda atracción más visitada de la ciudad tras la Catedral.
